Un grupo de mujeres de la Parroquia Santiago Apóstol de Villaviciosa de Odón vivió del 19 al 21 de junio de 2026 una nueva edición del retiro EMAÚS Mujeres. Al terminar, varias de ellas quisieron poner por escrito lo que allí encontraron. Compartimos sus palabras con una intención muy concreta: animar a otras mujeres a atreverse a hacer el próximo.
Durante tres días, estas mujeres se apartaron de su rutina para ponerse en camino, como aquellos discípulos de Emaús que, sin saberlo, caminaban junto a Jesús resucitado. Llegaron con cargas distintas —duelos, cansancios, heridas antiguas— y regresaron, según cuentan ellas mismas, con algo en común: la esperanza.
«No existen casualidades; por ello doy gracias a Dios, que puso en mi camino a Emaús.»
Recobrar la esperanza
Para Liliam, el retiro fue un reencuentro con la fe en medio de las dificultades de la vida. «La vida nos enfrenta a retos cotidianos, algunos más intensos que otros, y muchas veces caemos en la desesperación cuando eventos fortuitos marcan nuestro camino», reconoce. Sin embargo, está convencida de que su llegada a EMAÚS no fue fruto del azar: «No existen casualidades; por ello doy gracias a Dios, que puso en mi camino a Emaús a través de personas maravillosas».
Lo que allí encontró lo resume en pocas palabras: «Emaús para mí significó haber recobrado la esperanza y fortalecido mi fe; sentirme con la seguridad de estar acompañada de un Dios que no me abandona y que es todo bondad». Y se lleva a casa una certeza que la sostiene: «La vida seguirá teniendo dificultades y siempre nos planteará nuevos retos, pero sé que no me encuentro sola: tengo un Dios que me abraza, a través de ángeles terrenales con quienes seguiré creciendo en la fe».
De sonreír por fuera a sonreír desde el corazón
«Sonreía por fuera, mientras por dentro me sentía completamente destrozada.»
Alicia, otra de las caminantes del retiro, llegó al retiro con «el corazón roto», arrastrando cargas muy pesadas: «tristezas, angustias y desilusiones que fueron marcando mis pasos, mi ánimo y hasta mi carácter». La división de su familia y, más tarde, la muerte de su hija habían marcado «un antes y un después». «Había aprendido a convivir con la tristeza y la depresión como si fueran parte natural de mi vida —confiesa—; la ansiedad se había convertido en mi compañera de cada día».
Creía conocer a Jesús y llevar una vida cristiana, pero, reconoce, «el dolor había cegado mis ojos y no me permitía contemplar el inmenso amor de Dios». Por fuera aguantaba: «Sonreía por fuera, mientras por dentro me sentía completamente destrozada. Muchos admiraban mi fortaleza, pero solo Dios conocía la profundidad de mi sufrimiento». Así llegó a EMAÚS: «con el corazón roto, sin ilusión por la vida, pero con una pequeña esperanza que Dios mismo había sembrado en mí».
En EMAÚS algo cambió. Alicia asegura haber reconocido a Jesús vivo en su propio camino: «Hoy mi vida ha cambiado. Sigo enfrentando dificultades, pero ya no camino sola. Mi esperanza tiene un nombre: Jesucristo». Y describe así el fruto del retiro: «Ahora sonrío desde el corazón. Mis ojos todavía derraman lágrimas, pero ya no son solo de dolor; también son lágrimas de gratitud hacia mi Señor, que me sostuvo cuando no podía más y me rescató de la tristeza». Su conclusión no puede ser más rotunda: «He reconocido a Jesús resucitado en mi camino, porque ¡ha resucitado y vive!».
«Mi esperanza tiene un nombre: Jesucristo.»
Servir: dejar que Dios ame a través de nosotras
Detrás de cada retiro hay un equipo de mujeres que sirven de forma discreta. Una de ellas, Marta, define el servicio como «un privilegio», el momento en que «el yo deja de ocupar el centro para dar paso al nosotras». Es, dice, «pronunciar un síal Espíritu Santo y permitir que Él nos conduzca, convirtiéndonos en instrumentos de esa fuente infinita de amor que, con delicadeza, va alcanzando y transformando los corazones».
Desde la primera fila, cuenta, se contempla «la obra de Dios reconstruyendo almas heridas, corazones cerrados, personas escépticas y llenas de miedo». Lo compara con «entrar en la sala de urgencias de un hospital donde cada persona siente que su herida es la más profunda». Pero, a medida que pasan las horas, «aquella pequeña semilla que un día brotó en un sencillo sí para comenzar a caminar acaba floreciendo en un generoso sí para servir». Por eso, para ella, el verdadero milagro no es solo la sanación de una herida, «sino la transformación de un corazón que, habiendo experimentado el amor de Dios, desea entregarlo también a los demás». Y concluye: «Servir no es hacer muchas cosas, sino dejar que Dios ame a través de nosotras».
«Servir es el momento en que el yo deja de ocupar el centro para dar paso al nosotras.»
¿Te animas al próximo?
Tres voces distintas, una misma experiencia: la de descubrir que, incluso en medio del dolor, nadie camina solo. Como les ocurrió a los discípulos de Emaús, el encuentro con el Resucitado transformó la vida de estas mujeres.
Si al leer estos testimonios has sentido que quizá esto también es para ti, este es tu momento. Pronto habrá un nuevo retiro de EMAÚS Mujeres, y no hace falta llegar con todo resuelto ni con una fe perfecta: basta con venir tal y como estás.
Para más información o para inscribirte en la próxima edición, puedes contactar con la Parroquia Santiago Apóstol de Villaviciosa de Odón:
- Teléfono: 91 616 01 60
- Correo: info@parroquiasantiagoapostol.com
